Era media noche y seguía esperando en la ventana. Necesitaba nicotina y respuestas. Con desesperación.
El pelo naranja y arremolinado se le escurría por la espalda, acariciando aquellas huesuditas vértebras.
La luna estaba llena y la vela de su escritorio se estaba consumiendo.
A la llegada de él empezó a oler a canela. Era agradable, sin duda.
Marilina escuchó el sonido de la puerta al cerrarse y los cordones desatándose. Clác, zapatos fuera.
Pasos, pasos, pasos...
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