En tu terraza siempre entraba la luz justa. Te marcaba tu piel morena. Tu y tus camisetas viejas tocando la guitarra al amanecer. Yo me bebía el café mientras miraba las vías del tren, que pasaban al lado de tu casa; yo, con mi cuerpo medio desnudo entre las mantas.
Al otro lado de las vías estaban la playa y el mar.
Tu barbita de tres días y tus ojos verdes empezaron a ser parte del paisaje una mañana de aquellas de nuestro verano.
Aún me acuerdo de como se llamaba tu perro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario